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PAUTAS PARA UNA DIETA SANA

                                          cd568f20_a1.jpg Sabemos que una buena alimentación nos permite mantener una buen estado de salid. Pero el contrario está igualmente claro: una dieta desequilibrada, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades y reduce nuestra calidad de vida.

La alimentación tradicional de los españoles se basaba en el consumo de alimentos saludables que contribuían a la prevención de enfermedades a largo plazo: se tomaban muchos cereales (so­bre todo integrales) y muchas legumbres, frutas, verduras y hortalizas; el consumo de lácteos, car­nes y pescados, era moderado; se utilizaba acei­te de oliva para cocinar y aliñar, y se bebía vino tinto en las comidas. Esta dieta era lo más pa­recido a lo que llamamos «dieta mediterránea», cuyas bondades para nuestra salud, combinada con otros hábitos de vida saludables (hacer ejer­cicio físico a diario, un consumo moderado de alcohol y no fumar) están más que demostradas. Sin embargo, nuestras costumbres han cambia­do mucho, en parte debido a la mayor diversidad de productos que hay en el mercado, y en parte a los cambios socioculturales y laborales.

Nuestro consejo general, válido para casi todos los comensales, es que se tomen me­nos comidas ricas en grasas, azúcar y sal; y se reduzcan los alimentos de origen ani­mal, en beneficio de un mayor consumo de hidratos de carbono, de frutas y verduras, que son una fuente importante de vitami­nas, minerales y fibra.

 

Entonces, ¿cuáles son las claves?

Es conveniente

* Ajustar la cantidad que comemos al gasto energético que tengamos, lo que bastará para mantener el peso apropiado.

* Dar preferencia al aceite de oliva sobre otras grasas.

* Tomar todos los días algo de pan y un plato principal compuesto de patatas, arroz o pasta.

* Tomar todos los días un plato principal y una guarnición a base de verduras.

* Consumir tres veces a la semana un plato de legumbres.

* Comer al menos tres piezas de fruta al día.

* Tomar productos lácteos a diario (un vaso de leche, un yogur o una porción de queso).

* Beber cada día entre 1,5 Y 2 litros de agua.

No conviene

* Consumir alimentos azucarados a diario.

* Tomar en una misma comida o cena sendos platos de pes­cado y carne, pues supone un aporte excesivo de proteínas.

* Consumir más de cinco huevos a la semana (incluyendo el huevo que puedan contener los platos preparados, las salsas, los rebozados, los productos de bollería … ).

* Abusar de bebidas alcohólicas (se considera aceptable un poco de vino para acompañar las comidas principales).

*Tomar más de seis gramos diarios de sal.

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