
Todos sabemos que si comemos más de lo que quemamos, engordamos. Sin embargo, no siempre es fácil controlar las cantidades que ingerimos, ya que existen mecanismos psicológicos que nos lo impiden.
Podríamos decir que la ansiedad nos provoca un ”hambre psíquico” que nos empuja a comer más de la cuenta cuando estamos angustiados, tristes o nos sentimos solos. En tales estados anímicos, resulta más atractivo ir a la nevera que afrontar una dieta adelgazante. Y lo peor de todo es que, a veces, comer algo ¡sí tiene un efecto calmante!
Lo realmente problemático es que al recurrir con frecuencia a la comida, solemos engordar unos kilos, lo que empeora el proceso ansioso.
Por tanto, hay que tomar conciencia de que si no se trata primero la ansiedad y sus causas, será imposible modificar los hábitos dietéticos.
¿Cómo puedes dominar tus impulsos?
- Intenta racionalizar la situación que te angustia y concentrar el lado positivo.
- Identifica el desencadenante de la ansiedad. Sólo así podrás combatirla.
- Acude a un nutricionista que te ayude a controlar la ansiedad mediante la alimentación o, si es preciso, con un tratamiento natural o farmacológico.
- Aprende técnicas de relajación que te ayuden a sobrellevar esta etapa.
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