ago 30

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La calabaza atesora componentes idóneos para la nutrición

de los órganos y sistemas que más sufren por los rigores del

frío.

La de invierno es más dulce que la de verano porque,

como otros alimentos propios de esta estación (legumbres,

frutos secos, frutas desecadas), concentra más almidón y

azúcares. Su composición destaca por los antioxidantes

(beta-caroteno, vitaminas C y E) que nutren el sistema de

defensas para hacer frente a las infecciones más propias

del invierno y protegen la piel de la sequedad del frío.

 

Es relevante su contenido en vitamina A, que ayuda a regenerar

y suavizar la piel y las mucosas. Por ello, tomar calabaza acelera

la recuperación de las mucosas irritadas (boca, garganta,

esófago, estómago) y favorece las digestiones.

 

 

 

PRIMEROS: Calabaza rehogada; con judías verdes; rellena de arroz y verduras; en crema con nueces y almendras, en gajos al horno con jengibre y hierbas aromáticas, espinacas a la crema con láminas de calabaza, con legumbres (alubias, lentejas, garbanzos, etc.).

 

SEGUNDOS: Flan de calabaza, en tortilla con cebolla, buñuelos con patata, empanada o glaseada de

guarnición, albóndigas con crema de calabaza suave.

 

POSTRES: Pastel de calabaza, en tacos con frutas desecadas y frutos secos al horno.

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ago 13

 

Más dieta sana y menos complementos

Una dieta rica en grasa, pobre en fibra y baja en frutas y vegetales no es apropiada para garantizar la buena salud del cerebro. Los hallazgos científicos más recientes vinculan a la dieta mediterránea con mejores funciones cognitivas, un declive neuronal y cognitivo más lento, y un menor riesgo de que personas adultas sufran Alzheimer.

Los cereales y las legumbres, alimentos de referencia en esta dieta, sirven de sustrato energético (glucosa) al cerebro humano que, pese a su pequeño volumen (del 2% al 3% del peso corporal), consume el 20%-25% del oxígeno y la glucosa que precisa el organismo para funcionar en condiciones normales. Además de estas sustancias elementales, está demostrado el papel que desempeñan otros nutrientes en el mantenimiento de las funciones cognitivas cotidianas como la memoria, concentración y rapidez de pensamiento.

La ingesta de aceite de oliva (ácidos grasos monoinsaturados), de pescado azul y frutos secos (poliinsaturados, omega 3 y omega 6), y el consumo moderado de carne (vitamina B12), actúan en conjunto como mecanismos protectores. La costumbre de comer a diario frutas frescas, hortalizas y un puñado de frutos secos al natural provee de las vitaminas B1, B6 y B9, y de antioxidantes (vitaminas E, A y C), cuya deficiencia se asocia a una merma de la capacidad cognitiva.

En su conjunto, el soporte de una dieta adecuada mantiene los niveles de glucemia necesarios para los procesos de aprendizaje y memorización; asegura los niveles de neurotrofinas (un tipo de proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas) y el desarrollo y el mantenimiento del sistema nervioso; reduce la inflamación celular y el daño oxidativo y cuida el estado de los vasos sanguíneos cerebrales que permitirá el suministro de nutrientes esenciales y energía al cerebro.

En resumen, una buena dieta proporciona un entorno que apoya los procesos cognitivos y disminuye la probabilidad de desarrollo de demencia asociada a enfermedades neurodegenerativas o de origen vascular porque facilita la transmisión efectiva de las señales neuronales.

Conscientes de que la dieta adquiere un valor preventivo y ayuda a frenar o prevenir el deterioro de las capacidades cognitivas asociadas a la edad, surge la duda: ¿es suficiente una buena alimentación? La combinación de una dieta equilibrada en macronutrientes y rica en antioxidantes y sustancias antiinflamatorias, junto con complementos específicos, puede actuar de manera sinérgica, por lo que se abren nuevas posibilidades de intervención para el deterioro cognitivo. Pero las cuestiones por resolver son numerosas: ¿cuáles son los compuestos más apropiados y de qué modo actúan? ¿en qué momentos está indicada su ingesta? ¿Se han detectado contraindicaciones en su consumo?

Las fórmulas mágicas no existen

Los factores ambientales y de estilo de vida inciden en la retención y las funciones cognitivas: la calidad de la dieta, el ejercicio regular, las relaciones sociales saludables y la estimulación mental temprana y mantenida con la edad. Todos ellos son indicadores de la mejora de la plasticidad del cerebro: se aumenta la función de las neuronas, se estabilizan sus conexiones, se promueve el nacimiento de nuevas neuronas y asiste en su desarrollo y maduración. Por tanto, el aporte extraordinario de un único nutriente es poco probable que tenga una repercusión como para compensar una dieta de baja calidad nutricional: No hay fórmulas mágicas. Además, para que el uso de determinados complementos sea efectivo en la mejora de la nutrición y salud cerebral debería plantearse en etapas tempranas y no durante la vida adulta del individuo.

Art. Consumer

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ago 10

 

Una dieta sana y equilibrada reduce la probabilidad de desarrollo de demencia asociada a enfermedades neurodegenerativas y su efecto es mejor que la ingesta de numerosos suplementos para prevenir la pérdida de memoria.

El olvido de las llaves dos veces al año se entiende como un descuido: no alarma a nadie; no recordar la fecha del cumpleaños de una madre se perdona por la vida tan estresante que llevamos; un despiste sobre los horarios de salida de los hijos una vez por semana empieza a inquietar y no darse cuenta de que un día no se ha cenado y otro no nos hemos duchado porque “se nos ha pasado” preocupa. Si en algo está de acuerdo la comunidad científica es que el cerebro es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano y la memoria es una de las disciplinas que más se estudia desde diferentes ámbitos, entre ellos el de la alimentación.

La tan manida cantinela escuchada infinidad de veces en los hogares: “come pescado que es bueno para la memoria” parece no ser suficiente y se recurre a otro tipo de alimentos. El interés por el papel de la nutrición en la memoria queda reflejado en el crecimiento espectacular de alimentos y bebidas funcionales y suplementos -algunos con el sello de anti-envejecimiento y otros combinados en forma de “cócteles para la memoria”- con una composición específica dirigida, en teoría, a la mejora de la salud del cerebro y sus capacidades a través de la nutrición.

El cerebro humano consume el 25% de la glucosa y el oxígeno que precisa el organismo.

De ahí que se investigue el papel de ciertos nutrientes y de plantas como el Gingko biloba o el ginseng en la función cerebral ante el creciente deseo de mantener el intelecto, la memoria, la concentración y la capacidad de aprendizaje con, o a pesar de, la edad. Constatada la necesidad de la glucosa como nutriente preferente de las neuronas (las células especializadas del cerebro), los fosfolípidos y ciertos antioxidantes (vitaminas y polifenoles) son los componentes dietéticos más estudiados para optimizar el rendimiento cerebral y cognitivo.

Así se deduce del gran número de patentes con estos compuestos que se utilizan en productos funcionales con tal fin. La ciencia sigue de cerca la respuesta neural a otras sustancias como la colina, complejos de vitaminas (ácido fólico, B6, B12), los ácidos grasos omega-3 (DHA), el ácido gamma-aminobutírico (GABA) y otros más novedosos como el acetil-L-carnitina o el ácido alfa-lipoico. La investigación no ha hecho más que comenzar.

Pero no sólo interesa el refuerzo de la función cerebral y de los procesos cognitivos que merman con la edad -alteraciones leves de memoria, de atención, lentitud en la ejecución y solución de problemas asociados al envejecimiento normal o a consecuencia del ritmo estresante de vida- y que dificultan el funcionamiento en numerosas actividades. Una importante línea de investigación está dirigida a examinar el impacto de los nutrientes -en mayor medida su deficiencia- en el desarrollo cerebral infantil.

Nutrición específica desde el embarazo

Las etapas más críticas en la formación del cerebro humano tienen lugar durante el último trimestre del embarazo y continúan hasta dos años después del nacimiento.

El aporte adecuado de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPCL), en particular ácidos grasos omega 3, es determinante en este periodo para la creación del tejido nervioso y para la generación y transmisión de la información a través de las neuronas que, en adelante, repercutirá en una mayor capacidad de aprendizaje y concentración.

La ingesta suficiente de alimentos ricos en estos nutrientes (pescado azul, frutos secos, aceites de semillas) por parte de la madre servirá de apoyo para la correcta nutrición del bebé amamantado. Más adelante el niño deberá ser alimentado con estos alimentos para conseguir tal fin. Los suplementos de omega 3 (o de otros micronutrientes como el yodo, ácido fólico, vitamina B12) pueden ser de utilidad en momentos concretos de la vida de la mujer, como el embarazo y la lactancia, así como para mejorar el desarrollo cerebral bebé cuando nazca.

Art. Consumer

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jun 29

 

Ensalada de frutas

Trocear una pequeña naranja. Cortar a rodajas 1 kiwi. Dispo­nerlas en forma de estrella en un plato. Mezclar una cuchara­dita de miel y una de vinagre de manzana. Decorar con hojas de menta.

 

Batido de plátano

Triturar un plátano peque­ño con 100 ml de leche. Espol­vorear cacao y decorarlo con menta.

 

Bocaditos de pera

Cortar en rodajas una pera mediana y disponerla en una bandeja de horno cubierta con papel para repostería. Espolvorear una cucharadita de azúcar en polvo. Hornear en el horno precalentado a 150°C hasta que el azúcar se caramelice y las peras estén doradas.

 

Cóctel de tomates y zanahorias

Mezclar 250 ml de zumo de tomate, 150 ml de zumo de zanahorias y una cucharadita de vinagre de manzana. Condimentar con una pizca de sal, un poquito de salsa de ta­basca y pimienta negra recién molida.

 

Panecillo con salsa  

Mezclar un tomate y un chalo­te troceados. Salpimentar. Repartir en dos panecillos integrales. Añadir unas gotitas de aceite.

 

Fruta del tiempo

 1 pera (200 g) o

3 kiwis (60 g pieza) o

1 pomelo (300 g) o

180 g cerezas o

1 melón (600 g)

 

Atención:    ¡BEBER MUCHO!

 

Piensa en esto: después de cinco días de dieta, tu cuerpo recurre lentamente a sus reservas de grasas.

 

Anteriormente has reducido peso debido especialmente a la pérdida de agua instalada en el tejido corporal. Al ingerir menos alimentos el cuerpo recibe menos cantidad de sal, la cual se mezcla con el agua. Como las reservas de grasa se colocan en primer plano, los productos que se encargan de desintegrar las grasas se deben expulsar por los riñones, por eso se necesita beber mucho liquido.

 

• Bebe de 2 a 3 litros diarios: ya sea agua, té de frutas o infusiones.

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jun 27

LA SEGUNDA SEMANA TODAVIA PERDERAS ALGUNOS KILOS

 

Con las siguientes exquisiteces culinarias volverás al peso deseado. Su funcionamiento ya lo conoces desde los últimos días. Y una vez que hayas probado las recetas de la segunda semana, tu número de platos favoritos aumentará.

 

¡Fantástico!  Ahora después de la dieta, también puedes comer algo sencillo y delicioso para conservar tu nuevo peso y sentirte bien.

 

 

 

Consejo:

 

SIEMPRE DISPON DE LOS SIGUIENTES ALIMENTOS:

 

Vinagre de manzana

Aceite de oliva

Aceite de girasol (para cocinar)

Zumo de manzana

Jerez

Leche (1,5 % de grasa)

Mantequilla

Huevos

Caldo vegetal granulado

Miel

Mostaza medio picante

Pimienta de cayena

Curry en polvo

Nuez moscada

Pimienta blanca y negra en grano para moler

Sal

Canela en polvo

Canela en rama

Pinchos de madera

 

 

 

BEBIDA DE VINAGRE DE MANZANA

También durante la segunda semana antes del desayuno:

 

Mezclar 200 ml de agua con 1-3 cucharadas de vinagre de manzana y 1-2 cucharaditas de miel.

Beber despacio y dando pequeños tragos.

 

 

 

Dos veces diarias entre horas

Si no pasa de 100 kcal no es ningún pecado: también se ha aconsejado  dos tomas diarias entre horas.

 

Y AHORA TIENES QUE VOLVER A ELEGIR

 

Más ideas para el desayuno

En la segunda semana también vale: desayunar lo que te apetez­ca, pero sin pasar las 200 kcal por receta. Elije las ideas que quieras entre las proposiciones de la primera y segunda se­mana.

 

Bocadillo de jamón asalmonado

Dos rebanadas pequeñas de pan integral untadas con una fina capa de mantequilla. Comple­tar el bocadillo con dos lanchas de jamón asalmonado y un kiwi en rodajas.

 

Manzana con copos de avena

Hervir 200 ml de agua con una pizca de sal. Machacar tres cu­charadas colmadas de copos de avena integral en un mortero. Añadirle al agua la avena junto con la manzana troceada. Hervir y dejar1a escurrir unos 10 minutos. Endulzar con una cu­charadita de miel.

 

Pan sueco con queso fresco y zanahoria

Untar dos rebanadas de pan sueco con dos cucharadas de queso fresco (20% grasa). Pelar la zanahoria y rayarla. Repartir­la sobre el pan untado. Espol­vorear una cucharada de pipas de calabazas picadas. Condi­mentar con pimienta y decorar con cebollino.

 

 

 

Bocadillo de cebollinos

Una buena rebanada de pan de payés untada con una fina capa de mantequilla Cortar en finas rodajas un buen manojo de cebollinos y repartirlo sobre el pan. Salpimentar.

 

Polenta con bayas    

Hervir 150 mi de agua con un poco de sal. Añadir 3 cucharadas de polenta (puches de maíz). Dejar hervir unos 10 minutos. sin dejar de remover. Añadir SO g de pequeños madroños y mezclar. Dejar reposar unos 10 minutos. Servir en un plato y decorar con una cucharada de miel.

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SEGUIMOS CON LA DIETA DE VINAGRE DE MANZANA – La segunda semana