¿Cómo ayudar a los niños a la hora de comer?

Ya sea en el aula o en casa, se pueden desarrollar dos ejercicios con los niños a partir de 6 o 7 años de edad, cuando tienen capacidad de razonar. Estos ejercicios han demostrado funcionar en la práctica con resultados extraordinarios.

La lista del “me gusta” / “no me gusta”.

Algunos niños son muy conscientes de que su  inapetencia o su afición a solo 2 o 3 alimentos es el centro de atención y preocupación de sus padres. Sin embargo, resulta útil trabajar con ellos y pedirles que escriban en un folio en blanco estas dos listas: lo que les gusta comer y lo que no. Si el ejercicio lo dirige un nutricionista, podrá explicarle al niño que en realidad ya hay muchos alimentos que le gustan y, lo que es más importante, que con ellos casi cubre sus necesidades nutricionales.

Tal vez se detecte la carencia de algún grupo de alimentos por completo, como las verduras. Entonces es el momento de hacerle ver al niño que con incorporar uno o dos alimentos a su dieta, esta será perfecta. Con este ejercicio, se logra desbloquear a un niño que tiene el control de su alimentación, al hacerle ver que no era para tanto y que falta muy poco para que sus padres estén contentos y tranquilos. Por último, es interesante plantear al niño un objetivo, al que llamaremos “compromiso saludable”, y cuyo fin es que él esté más sano, más fuerte y más guapo. Es decir, sin premios ni castigos: solo se busca la adherencia del niño a un cambio de hábito por el mero hecho de que es mejor para él.

La “cata a ciegas”.

Este es un ejercicio en grupo y, como su nombre indica, consiste en vendar los ojos de los niños. En concreto, los de la mitad de la clase. Una vez hecho esto, se les pone delante un plato con un alimento sin que sepan cuál es. El ejercicio lo explicaremos como una experiencia de los cinco sentidos. Primero deben tocarlo, después olerlo, también acercárselo al oído y, finalmente, probarlo. A medida que descubren de qué se trata, levantan la mano y nos acercamos para que nos digan al oído qué es. Si aciertan, pueden quitarse el pañuelo de los ojos y seguir como observadores. Si no aciertan, continúan con el siguiente sentido. En paralelo, es una experiencia muy enriquecedora para los niños que les observan.

El resultado de esta actividad puede ser traumático al principio. Puede haber niños que se enfaden porque han probado aquello que nunca habían querido probar. Incluso niños que lloren y pataleen para demostrar su enfado. Sin embargo, habrá muchos niños que manifiesten su sorpresa al haber sido capaces de probar algo nuevo. Para finalizar, todos los niños deben manifestar en voz alta los alimentos que no les gustan, o que no han probado nunca, y anotar en su agenda al menos tres. En la semana siguiente, tendrán el reto de probar estos tres alimentos. Respecto a los niños que se enfadan, la experiencia también demuestra que, al cabo de una semana, serán los primeros en decir en voz alta que ya han probado tal o cual alimento.


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