Ideas para controlar las calorías en la dieta del invierno

Las frutas y hortalizas tan variadas del verano, así como el calor que contribuye a mitigar la sensación de apetito, contrastan con los guisos, los potajes y los platos contundentes que frecuentan las mesas en invierno. Si bien es cierto que el organismo, en teoría, necesita más calorías para contrarrestar las bajas temperaturas de estos meses, también es verdad que la mayoría de nosotros no estamos expuestos a ellas, puesto que vivimos resguardados en viviendas con calefacción y trabajamos en espacios aclimatados.

Así pues, nuestras necesidades calóricas en invierno no difieren demasiado de las necesidades de otras épocas del año. Pero, ¿es posible comer ligero en invierno sin quedarse insatisfecho o destemplado? La respuesta es “sí”. A continuación se explica qué es una comida ligera y se detallan ideas para ingerir las calorías justas en esta época del año.

Qué es una comida ligera

Los patrones alimentarios de alta densidad energética pueden conducir a un aumento de peso corporal. Ahora bien, ¿qué se entiende por “densidad energética”? Es la cantidad de energía disponible en un alimento por unidad de peso, es decir, las calorías que hay en 100 gramos u otra porción.

“Comer ligero” hace referencia a ingerir los alimentos menos calóricos. Para ello, conviene saber que los alimentos que contienen menos calorías por cada 100 gramos son las hortalizas y las frutas, seguidas de otros alimentos con un elevado contenido en agua y pocas grasas, como la leche desnatada y el yogur desnatado o las legumbres frescas, como los guisantes.

En cambio, los alimentos de más elevada densidad energética son los aceites, las mantequillas, las margarinas y otras grasas, seguidas de los frutos secos, los embutidos y la bollería. Todos ellos contienen una importante cantidad de grasas.

Al escoger alimentos y recetas, no solo es importante la cantidad de calorías o de grasas, sino también su calidad y su procedencia

Los expertos recomiendan dietas que contengan alimentos con baja densidad energética para prevenir el aumento de peso. La razón es que la literatura científica describe que las dietas de alta densidad energética se asocian a un consumo más elevado de calorías, grasas totales y grasas saturadas, así como a una mayor ganancia de peso. Sin embargo, al escoger alimentos y recetas, no solo es importante la cantidad (de calorías o de grasas), sino también la calidad y la procedencia de la calidad y la procedencia de las mismas.

Para seguir la recomendación de las sociedades científicas, también en invierno, nuestra dieta debería basarse en alimentos de origen vegetal, con la incorporación menos frecuente de pequeñas cantidades de pescados, carnes magras, huevos y lácteos desnatados. Pero la menor diversidad de productos de la huerta de esta estación puede suponer una pequeña dificultad al llevar a cabo una dieta de estas características: sin exceso de calorías y grasas saturadas y que, a la vez, nos reconforte ante las adversidades climáticas. Por ello, conocer los productos de temporada y algunas recetas sabrosas contribuirá a mejorar nuestra manera de alimentarnos. Aunque haga frío.

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