Trastornos alimenticios propios de personas adultas

La sociedad evoluciona; con ella los hábitos alimentarios… y también sus manías y trastornos. Las últimas incorporaciones a la tabla de trastornos alimentarios son la ortorexia, la vigorexia y el trastorno de atracón. Aparecen por razones distintas y afectan a diferentes perfiles de persona.

La ortorexia nerviosa es un trastorno que afecta a personas que están obsesionados por la comida sana y dedican excesiva atención y esfuerzo a su dieta y su alimentación. El afectado por ortorexia deja que su vida diaria se vea afectada por la alimentación que se autoimpone mediante dietas para lograr un estado de salud óptimo idealizado. Sus planes giran entorno a la alimentación que llevan y tienden a llevar sus propios alimentos o restringirse demasiado cuando salen fuera de casa a comer, por miedo a tomar un exceso de grasas, u otros ingredientes que creen malos para su salud.

Cuando los ortoréxicos incumplen la dieta establecida se sienten tremendamente mal consigo mismos y se autoimponen castigos para compensar el error cometido, tomando una dieta más estricta e incluso no comiendo en absoluto.

La vigorexia afecta, sobre todo, a varones y es el trastorno que se produce cuando se quiere alcanzar la perfección. Su alimentación se convierte en un medio para tener un cuerpo musculado en vez de una figura delgada. En la alimentación del vigoréxico priman las proteínas sobre los hidratos de carbono. Quienes padecen vigorexia tienen la necesidad compulsiva de acudir al gimnasio donde se pasan horas entrenando sus músculos.

El trastorno por atracón es una ingesta compulsiva de comida hasta sentirse desagradablemente atiborrados y suele estar desencadenado por un hecho emocional traumático. Las causas que llevan al “atracón” suelen ser emocionales o relacionadas con la ansiedad. Según los especialistas de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, el trastorno por atracón afecta a entre el 2 por ciento y el 3 por ciento de los adultos independientemente del sexo y del peso corporal.

Está considerado como un trastorno alimentario desde 1994, fecha en que la Asociación Americana de Psiquiatría incluye en el DSM-IV (Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Se diferencia de la bulimia nerviosa en que los enfermos de trastorno por atracón no utilizan ninguna estrategia compensadora (vómitos, laxantes o una práctica compulsiva de ejercicio) para purgarse tras haberse atiborrado.

La persona que se da atracones lo hace, como promedio, dos veces por semana. Quien está enfermo de atracones lo hace dos veces por semana durante un periodo de 6 meses. Al recordarlo tiene una profunda sensación de malestar.

Los síntomas del atracón son:

  • Ingesta mucho mas rápida de lo normal.
  • Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
  • Comer grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.
  • Comer a solas para esconder la voracidad.
  • Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión o culpabilidad después del atracón.

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