¿Cuál es la diferencia entre el hambre y el apetito?

¿Qué es el hambre?

El hambre es un estímulo físico y “visceral” que fuerza al organismo a satisfacer las carencias nutritivas creadas por el gasto de energía a que obliga el cumplimiento de sus tareas diarias.

Es lógico que cualquier esfuerzo inusual – como es el caso, cuando por ejemplo se hace mucho deporte – aumen­tan las carencias y, por consiguiente, el hambre, lo que es completamente normal. Así pues no se resista a la “necesidad” de comer más después de un día de ejercicio intenso. ¿ y cómo reconocer el verdadero hambre?

Esto corres­ponde a una sensación de debilidad que capta el cerebro, gracias a 2 tipos de señales: – una transmisión nerviosa que parte del tubo digestivo, – una bajada de los niveles de azúcar en la sangre. Entonces, siente una especie de encogimiento en el estómago, que dura cerca de 30 minutos y que va desapa­reciendo naturalmente a lo largo de unas horas, volviendo a manifestarse si aún no ha comido.

 ¿Qué es el apetito?

El apetito es un estímulo mental, más próximo al “deseo” que a la “necesidad”. Primeramente, puede tratarse de un hambre” sensorial”, desencadenado por los buenos olores de la cocina, la pre­sentación de la mesa, la lectura de un menú con los nom­bres de los platos poéticos y sugestivos, o simplemente, el efecto agradable de la buena convivencia. Este hambre sensorial puede, evidentemente, provenir también de salsas, aliños, o de preparaciones especiales, que estimulan la salivación de una manera artificial. El apetito es, de hecho ~ sinónimo de “gula”. 

Muchas veces, el apetito también puede reducirse a un fenómeno de memoria. En su ambiente inmediato no hay estimulaciones sensoriales que puedan activar su apetito. Usted se pone a soñar y, de repente, se acuerda, por ejemplo, del placer que sintió al comer en un restaurante determinado, con determinadas personas, y quiere repetir ese placer. O bien, va a visitar a la familia y piensa en comer un plato o un dulce que “sólo su madre sabe hacer­la tan bien”. En casos como éste, la perspectiva de sentir placer sen­sorial está íntimamente ligada al recuerdo de un clima psi­cológico asociado a la comida o al postre. Esta asociación mental recuerdo/alimento puede reves­tirse de un carácter neurótico, si la comida se convierte en una forma de refugio.

Entonces, se entra en el universo de la bulimia. En este caso, se coge la costumbre de adquirir seguridad, o de “compensarse”, comiendo, sea lo que sea, o un determinado alimento en especial. Por consiguiente, la obsesión de comer surgirá en cuanto sienta ansiedad o frustración. 

El hecho de devorar el alimento “mágico” se convierte en un fin en sí mismo. Además, muchos bulímicos no sabo­rean, ni siquiera, lo que comen. Una tetina de biberón no tiene prácticamente sabor a no ser a caucho, sin embargo, permite al bebé revivir el senti­miento de seguridad que está asociado al seno materno. De la misma manera, la absorción mecánica y compulsiva de un alimento, en un bulímico, se transforma en un ritual para alejar la frustración o la ansiedad. Igualmente, puede “agarrarse” a un determinado plato, o a un postre, hasta el punto de que esto se convierta en una manía absurda e incontrolable. 

Es una cuestión de reflejo condicionado alimenticio. ¿Se acuerda de la famosa experiencia de Pavlov? En esta experiencia, Pavlov daba de comer a un perro, al mismo tiempo que tocaba una campana. Después de un tiempo, el perro comenzaba a segregar saliva en cuanto oía sonar la campana, aunque no tuviese nada para comer. De la misma manera, podemos también comenzar a “segregar saliva” cuando oímos pronunciar el nombre de nuestro plato favorito, o al ver una fotografía de nuestro postre preferido. Tomar plena conciencia de la razón psicológica profun­da de este reflejo condicionado ayuda a establecer la dife­rencia entre el hambre verdadero y el falso. Este hecho en sí mismo puede ser suficiente para perder algunos kilos. 

Sepa también cómo evitar las “trampas” que la industria alimenticia le tiende

¿Por qué razón muchas personas prefieren los alimentos transformados a los alimentos naturales? (¡Este fenómeno es muy frecuente en los niños!) Existe, como es lógico, el aspecto de la facilidad. Es mucho más rápido calentar una lata de conserva o un paquete, que prepararlo uno mismo. Pero, hay otra razón. Los fabricantes de productos alimenticios transforma­dos (conservas, etc.) no se interesan mínimamente por aquello que usted come, ni por su hambre. Además, cuan­to más coma, más dinero ganan ellos. Por consiguiente, y dentro de los límites de la legalidad, ellos hacen lo que está en sus manos para forzarle a comer más de lo que realmente necesita. Y también se esfuerzan para que usted prefiera siempre el alimento que ellos trans­forman, en lugar del que es natural. Por eso, los fabricantes van a utilizar, principalmente, el azúcar “en todas las salsas”, incluso, en los productos con un sabor básicamente salado.

A este azúcar químico no siempre se le designa con el nombre de azúcar, conforme ya hemos visto. Para sobreestimular su apetito, los fabricantes pueden también utilizar ciertos aditivos alimenticios, totalmente autorizados. La utilización del GMS, o glutamato monosódico  (  un aditivo, a veces tan abundantemente utilizado en la cocina china que, en determinadas personas, ha dado origen al famoso “síndrome del restaurante chino” siendo una reacción alérgica, a veces bastante grave) en la sopa de pollo es un buen ejemplo. ¿Sabía que este aditivo intensifica hasta tal punto el sabor de los alimentos que el fabricante puede utilizar una cantidad menor de pollo?

Así, mata dos pájaros de un tiro … reduce los costos de produc­ción y, a largo plazo, crea en su casa un verdadero hábito. Por lo tanto, lea atentamente las etiquetas y evite los ali­mentos que contengan esta sustancia. De un modo general, un buen conocimiento de las espe­cias y aditivos “excitantes”, puede proteger de una estimu­lación artificial del hambre. Un hecho curioso:puede ser que el simple hecho de mirar un alimento sea suficiente para … hacer engordar. Un estudio realizado en la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, por la Dra. Judith Rodin, reveló hechos realmente sorprendentes sobre este asunto. En este estudio, se midió la reacción de antiguos “gor­dos” que asistían a la preparación de un suculento filete o bife al grill, destinado a constituir su “recompensa” al finali­zar un ayuno de 18 horas. Se toman algunas muestras de sangre a los individuos sometidos al ensayo, mientras éstos contemplan cómo su filete suelta el jugo en el grill. Según el Dr. Rodin, “los que reaccionaron más intensamente a la preparación del filete segregaron también más insulina.

La simple visión del alimento fue suficiente para activar su metabolismo. La insulina acelera, de hecho, la asimilación de las gra­sas por las células, de modo que, cuanto más insulina se segrega, más rápidamente se almacenan las grasas”. Está claro, el simple hecho de segregar saliva cuando se mira un determinado plato, conduce ya a la acumula­ción de grasa en las células.

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